28 marzo 2007

Maldades de otro tiempo

Esta tarde he estado viendo Algo pasa con Mary (no me preguntéis por qué, sencillamente sucedió) y de repente me acordé de una de mis maldades favoritas allá por tiempos remotos, en que yo era una dulce colegiala con dos trencitas, zapatitos de charol, falda escocesa y medias hasta la rodilla. Bueno, en realidad iba casi siempre con chándal en colores que incitaban a la epilepsia, pero eso no le interesa a nadie. Lo que os voy a confesar hoy, hijos míos, es mi trastada favorita. Es recordarlo y me entra un regocijo tremendo al tiempo que me froto las manos con gesto malvado y me río con una voz igualita a la de la Bruja Avería.

Os explico como iba el asunto: en casa llenaba un botecito con un body milk cualquiera (la Nivea mismamente, que se presta muy bien para estos siniestros menesteres) Una vez en el instituto o colegio de turno, aprovechaba durante los recreos, cuando no había nadie en los pasillos, parar untar todas las manillas de las puertas con el body milk, prestando especial atención a la de los aseos masculinos. Luego sólo me quedaba esperar pacientemente a que acabara el recreo...

En cuanto la gente ponía la mano en las manillas la retiraba corriendo como si quemara. Y cuando se miraban la mano y veían que la llevaban pringada con una sustancia fluida y blanquecina...(en este momento se oye una risa malvada) Esa imagen, esas expresiones de auténtico asco y pavor en sus caras (¡Dios mío, me van a pegar el sida! ¡Me voy a quedar embarazada!) no tienen parangón en mi antología de momentos verdaderamente memorables. Es un milagro que no terminara reventando de la risa en momentos como esos. Sin embargo cuando se acercaban las manos a la nariz y descubrían lo extrañamente bien que olía eso se me terminaban el chollo.
Después ideé la misma broma pero sustituyendo el bodymilk por sustancias como vaselina o incluso champú (sospechosamente parecido a los mocos) pero no era lo mismo y las expresiones de asco no eran ni la mitad de exageradas que como con la leche corporal. La gente es muy susceptible con ese tema...

Pero bueno, llegó un momento en que me cansé, maduré y me hice un blog para marear a otros inocentes (bueno, lo del blog vino tiempo después, pero eso ahora es lo de menos).

¿Eráis vosotros tan cabroncetes como yo? Tss, lo dudo, la maldad pura y auténtica es patrimonio exclusivo de las marujas, esa es una verdad universal.

15 comentarios:

m. dijo...

Marujita, por Dior. Esa faceta tuya de gamberrilla con aspecto inocentón "Britneyspearsiano" (en sus tiempos mozos, claro está) era algo totalmente desconocido para tus lectores. Por lo menos, para mí. Lo cierto es que tenía que ser todo un poema ver las caras de la gente. Sí señor; putada bien ideada, que pica pero no escuece. Ya me pensaba yo que nos ibas a salir con un pasado matón de colegio. No, no y no.

PS: ¿Ya sabes que corren 'vidios' de tu Gedeon por la red mostrando sus atributos?

=P

Cayetana Altovoltaje dijo...

¡¡PERO QUÉ MALA!! Muy buena la broma, a mí ese tipo de cosas nunca se me ocurrían, yo era la pardilla empanadillada que picaban en todas las bromas. Hasta los doce o trece años, luego ya espabilé.

Miss Ketchup dijo...

Me encanta!! Lo que pasa es que tiene usté toda la razón del mundo, esa maldad es de genética marujil, si si!

Por cierto, ha sido la ganadora de mi premio por ser la 1º en acertar, así que cuando guste, puede pasar a por él.

Besitos!

Rafa dijo...

Yo también suelo caer en las bromas, tenemos que unirnos todos los que caemos en bromas, para que el día de mañana esos bromistas sean chicos de Telepizza, y encima no asciendan en su puta vida, y...

Yo también hice una vez una broma.Bueno, fue más bién una putada. Uno (que tambien llevaba gafas) me las quitó de las fundas y no me las quería dar, las había escondido. Me cabreó tanto que al final cogí sus gafas y las rompi de un pisotón. Y ya no he vuelto a hacer ninguna más. Si es que cuando me cabreo, me cabreo.

Quatermain dijo...

Marujita, eres mala malosa, je, je... Me encanta. La gamberrada legendaria que hacíamos nosotros era poner plástico transparente (del de forrar los libros) en la taza del water.

Mi amigo J lo puso una vez con el lado adhesivo para arriba y cuando se sentó una a hacer pipí, además de ponerse perdida hasta se quedaron pelillos pegados ¡unas risas!

marta de esparta dijo...

y yo pensando que eras una buena persona... a partir de ahora entraré a este blog dando una patada en la puerta para no tener que tocar el pomo ;)

La Pichi dijo...

Pero Maruji, no me esperaba eso de usted...xD Yo de pequeña era una santa. Por cierto, esa imagen de Mary fue mi avatar en internet durante años...xD En la prehistoria de internet, claro.

Pikitoni dijo...

Pero qué me gustan esas maldades!! Yo nunca las haría, soy así de parao, pero las pienso ;-P

Genius Milenius dijo...

Querida mía, me alegra sobremanera que mi futura esposa sea también una genia del mal, me acaba de dar usted una idea para llevar a cabo en la oficina con nuestro becario, jajajaja se reía el malvado!

la pequeña tortuga dijo...

Yo lo que hacía de pequeña con bastante frecuencia era quedarme con las propinas que mi padre dejaba en los restaurantes cuando salíamos a comer por ahí.

Ya sé que no es muy gracioso (sobre todo para los del restaurante) pero gracias a eso me pude costear los "Huesitos" hasta pasada la adolescencia...

Triki dijo...

¿es la maldad patrimonio de las marujas o de las mariliendres? ¿o será de las dos indistintamente?

Anónimo dijo...

Mala, mala eres!!!
Yo era de los que se mandaban cagadas pero por huevón, mis compañeros eran más bravos y yo disfrutaba de eso cagándome de risa de las que se mandaban e incitándolos a que lo hagan...
Nachete

pekeña mota dijo...

pues yo siempre he sido una niña buena ^^

..... creo

Pilar dijo...

Jajajajajajajajaja, que bueno!!! Un poco puñetero, eso si, pero genial :)

Mara Jade dijo...

Yo era súper buena... hasta que un día se me cruzaron los cables y me harté de ser la pardilla de turno.

Entre el vestuario de tíos (en uno de mis escaqueos de la clase de gimnasia) y les vacié los botes de champú/gel/loquefuera dentro de calcetines y calzado.

Me llevé tizas, con toda mi mala leche las machaqué y espolvoreé el polvillo por todo bocata/sangüis que encontré.

Me sentí muy bien... y desde ese día me encanta esa frase de: "puede que no sea ni hoy ni mañana..."

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